EL AULA JESÚS QUINTERO Y LA RADIO COMO PUENTE DE COMPROMISO SOCIAL.


La filosofía de este espacio se inspira en una de las figuras más emblemáticas de la radio nacional e internacional, Jesús Quintero. El elemento clave que hereda este aula es el valor del silencio: la capacidad de escuchar profundamente al entrevistado. Desde un punto de vista pedagógico, esto se traduce en una enseñanza que va más allá de los contenidos curriculares tradicionales. Los estudiantes graban programas vinculados a sus asignaturas, pero el objetivo último es que el mensaje y la escuela "salga fuera de los muros del instituto".

La radio busca que los estudiantes escuchen a sus barrios y que sus barrios los escuchen a ellos. Se trata de entender que muchos de los problemas locales son a menudo universales. Un hito que ejemplifica esta visión fue la conexión realizada entre el barrio del Torrejón y el Bronx de Nueva York, demostrando que comunidades distantes pueden compartir desafíos y realidades similares.

El legado de Jesús Quintero en este aula no es meramente nominal; es una declaración de intenciones sobre el compromiso social y la escucha activa. Quintero demostró que la comunicación es un acto de humanización donde tanto el famoso como el humilde merecen el mismo respeto y atención.

En un mundo saturado de ruido, el Aula que lleva su nombre recupera la esencia de la radio como un espacio para comprender y entender al otro. Su compromiso de escucha enseña a las nuevas generaciones que la verdadera comunicación no consiste solo en preguntar, sino en tener la sensibilidad de recibir la palabra y la historia del semejante. Al sentar a los vecinos del barrio frente al micrófono, el proyecto honra la memoria de Quintero, convirtiendo la radio en un espejo donde la comunidad puede reconocerse, valorarse y, sobre todo, avanzar hacia una sociedad más crítica y empática.

Gracias a todos los que lo habéis hecho posible: compañeros profesores, periodistas, conserjes, estudiantes, familiares, representantes públicos  y asociaciones vecinales. Gracias. 

F. J. Cortés



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